Sombras de identidad de Brandon Sanderson

lunes, 14 de mayo de 2018



Leer a Brandon Sanderson es como volver a casa por Navidad. Sé que he dicho esto de muchos autores y es que creo esto de muchos autores, pero con el autor de Nebraska pasa especialmente gracias a que tiene un estilo muy característico y a que tiene una obra casi inabarcable. Es por eso que, cuando tenía una crisis lectora, recurrí a él y quise volver al mundo de Mistborn. In Sanderson we trust.

Sombras de identidad coge el relevo donde lo dejó Aleación de Ley, con los mismos personajes y la misma ambientación. Volvemos, pues, a Elendel, 300 años después de los hechos acontecidos en la trilogía inicial de Nacidos de la Bruma y con Wax, Wayne y Marasi como principales protagonistas. Pero después de unos asesinatos en masa sospechosos, la animada ciudad empezará a estar en peligro.

Una de las cosas más interesantes que hace Sanderson en esta segunda trilogía es la de mostrar la evolución de un mundo que conocimos con toques medievales y que ahora es una mezcla genial entre una ciudad victoriana inglesa y una ciudad del Oeste americano. Esta mezcolanza de elementos está muy bien integrada con el sistema de magia creado por Sanderson, que se adapta y se reconstruye. Sin embargo, toda esta ambientación ya estaba trabajada en Aleación de Ley y en Sombras de identidad Sanderson casi no aporta nada nuevo. Son más bien los elementos antiguos de la primera trilogía los que más llaman la atención. Aparecen no solo como fanservice, sino también para aportar algo a la trama.

Las comparaciones son odiosas, pero es imposible no hacerlo cuando esta segunda trilogía viene de una tan potente como Nacidos de la bruma. Aunque Sombras de identidad coge el tono humorístico que tenía en la primera entrega, ese tono va oscureciéndose a medida que avanza el libro, ya que Sanderson introduce temas sociales y políticos bastante interesantes. Eso lo aleja de la épica que tenían los primeros libros, pero construye una “épica” nueva, más retorcida y social. Sigue siendo Sanderson y sigue teniendo su marca indeleble en el libro, por lo que no llega a ser una crítica como la que podríamos encontrar en libros más oscuros o grimdark, pero eso no le quita el valor intrínseco que tiene.

El hecho de que esta trilogía sea una continuación de Nacidos de la bruma es un arma de doble filo. Sí es verdad que parte del interés que tienen estos libros es ver como el autor desarrolla un mundo que conocimos, como lo hace evolucionar 300 años. Pero también es inevitable compararlo con la saga original y echar de menos ciertos elementos que los primeros libros sí ofrecían.

Sombras de identidad es un libro interesante y rápido de leer, una aventura cargada de emoción, humor y una leve crítica social que consigue lo que se propone: entretener al lector. Aunque esto no parece ser suficiente, no al menos para llegar al nivel de la obra que la precede, eso no quita que sea una lectura con valor en sí misma. Un libro que despierta, además, el hype por lo que Brazales de duelo pueda ser. Esperemos que, como ha hecho Sombras de identidad, mantenga el nivel. Siendo Sanderson su autor, no lo dudo ni un segundo.

Otras reseñas:

Experimental Film de Gemma Files

martes, 8 de mayo de 2018



Ya os he hablado más de una vez de la increíble labor que realiza La biblioteca de Carfax. Una editorial pequeña, recién nacida, independiente y con mucha fuerza para traer terror, mucho de él escrito por mujeres. Y con un catálogo de infarto. Sin embargo, me costó adentrarme a Experimental Film, pues el tema no acababa de atraerme. Pero como ya comenté en el pasado, últimamente estoy haciendo una exploración del terror escrito por mujeres y, como tal, no podía perderme este premio Shirley Jackson 2016. Y suerte que no lo he hecho.

Experimental Film nos traslada a Canadá y nos presenta a Lois Cairns, una profesora y crítica de cine que ha perdido su trabajo de lo primero y se mantiene como puede de lo segundo. Lois descubre la obra de la que podría ser la primera directora de cine canadiense y decide investigar su historia y su obra de una manera casi obsesiva. Poco a poco, Lois se verá atrapada por los mismos fantasmas que acosaban al objeto de su estudio, años atrás.

Esta es una novela difícil de entrar. Gemma Files aprovecha las primeras cincuenta páginas para hablar de cine y, más concretamente, de cine canadiense y aunque eso sirve para asentar la ambientación que rodea la vida profesional de Lois, no deja de ser unas 50 páginas densas en las que el lector no visualiza hacia dónde va la trama. Pero al ser el cine un elemento central del libro, pronto este inicio denso se entiende en cuanto empieza la investigación sobre la señora Whitcomb y todo el misterio que rodea su obra. A medida que avanza el libro y ya con toda la ambientación creada, es el misterio el que va cogiendo peso en la trama.

Otro leiv motiv importante es la figura de Lois como madre, o más bien, como madre trabajadora. Con un hijo autista y una infancia difícil, a Lois se le hace complicado compaginar su trabajo con su vida personal y, en muchas ocasiones durante la novela, tiene que elegir entre los dos. La primera persona refuerza las sensaciones que vivimos con Lois y todo su espectro de emociones en cuanto se refiere a la familia.

Todo esto nos permite conocer y dibujar a Lois como un personaje real y Gemma Files logra convencernos que lo es. Con un aire casi de ensayo en algunas ocasiones, la caracterización de Lois es uno de los puntos más fuertes de la novela y aquello que nos incita a seguir leyendo. Esto no significa que el misterio que rodea a la señora Whitcomb no esté bien escrito o no tenga el peso suficiente en la trama, al contrario. Este misterio forma parte de lo quien es Lois y se muestra muy presente en la novela.

Gemma Files logra crear una ambientación en ocasiones casi asfixiante, que te envuelve durante la lectura y no te deja ir. Es quizá por eso que el final puede resultar algo más flojo de lo esperado, pues todo lo que ha construido durante la novela acaba desinflándose en un final con un ritmo más lento. Sin embargo, la calidad literaria que muestra Files se mantiene durante todo el libro y es por eso que es un placer de leer desde la primera página hasta la última.

La historia de Lois Cairns me ha fascinado desde el principio, mucho más que todo el misterio de terror que envuelve la obra de la señora Whitcomb. Y de hecho creo que es gracias a esta caracterización del personaje que he leído con interés toda la novela. Esto conlleva a que si estáis buscando una historia de terror que no os deje dormir, Experimental Film no lo es ni mucho menos. Pero si buscáis una historia con tintes de terror y un tono personal, este puede ser vuestro libro.  

Otras reseñas:

Estación Central de Lavie Tidhar

lunes, 30 de abril de 2018



Reseñar Estación Central de Lavie Tidhar es una empresa complicada. Ya de entrada, Lavie Tidhar no es el tipo de escritor que escriba novelas comunes, fáciles de reseñar. Y aunque Estación Central es quizá una de sus novelas más asequibles, sigue siendo una tarea compleja. Sin embargo, y cogiendo con muchas ganas mi primer Tidhar, tengo que admitir que las sensaciones que me ha dejado la lectura han sido más que positivas.

Estación Central nos traslada a Tel Aviv, lugar donde se ha construido una Estación espacial desde la cual se viaja alrededor del mundo y del Sistema Solar. Esto ha convertido la ciudad no solo en un punto neurálgico del transporte y el comercio, sino también un lugar donde muchas culturas convergen y se transforman mutuamente. Aprovechando esa característica de multiculturalidad, Tidhar construye la novela como un fix up de muchos personajes que convergen en el mismo lugar.

La habilidad de Tidhar de mezclar y juntar los personajes para que se pueda ver un hilo conductor a través de las historias personales de cada uno es espectacular. Sobre todo teniendo en cuenta de que esta no es una novela creada expresamente como fix up, sino que el autor aprovechó historias escritas para otros medios y, modificándolas ligeramente, además de añadir un par de relatos nuevos, consigue que Estación Central sea un todo, más que un conjunto de relatos.

Aquí tiene importancia la ambientación, más concretamente la Estación Central, que es el personaje más importante de la novela. Pero además el autor va añadiendo conceptos e ideas cuyas solas pinceladas auguran una complejidad que daría para novelas enteras. Pero al autor no parece interesarle ahondar en estas ideas, sino que sirven solo como elementos del paisaje que rodean y transforman a los personajes.

Pues, como ya he dicho, el punto fuerte de la novela son los personajes. Ellos son los que llenan las historias, los que le dan complejidad al libro. A través de ellos conocemos diferentes maneras, diferentes culturas, diferentes pensamientos y diferentes personas. Conocemos como sienten, como piensan, cuales son sus miedos. Y sobre todo, como aman. El amor es una figura importante en la novela y aunque pasa de forma desapercibida, todos los personajes se ven conducidos, de una manera más o menos directa, por sus sentimientos. Un poco como pasa en la vida real. Un poco como cualquier ser humano.

La forma de narrar del autor es sutil, muy elegante pero sin dejar de ser directa. Tiene una manera de plasmar las imágenes que se quedan gravadas en la mente del lector y logra transmitir de una manera que casi parece fácil. La traducción de Alexander Páez en este sentido ayuda muchísimo, pues nunca da la sensación de existir, sino que parece conectar directamente con el estilo del autor.

En conclusión, Estación Central es una novela que, por desgracia, ha pasado desapercibida en el fandom. Sin embargo, todos los elementos con los que juega Tidhar (sus personajes, los temas tecnológicos y sociales, hasta la misma forma en la que está construida la novela) consiguen crear una obra maravillosa que vale mucho la pena leer. 


Otras reseñas del libro:
Donde acaba el infinito
Sense of wonder
Dreams of Elvex
Boy With letters
Tres marcianos y medio

Agentes de Dreamland de Caitlin R. Kiernan

jueves, 19 de abril de 2018


Hacía mucho tiempo que quería leer algo de Catelyn R. Kiernan, la autora que firma esta novela corta que ahora ha traído Runas al español. Tanto la novela antes publicada en español por Valdemar, La joven ahogada (con una portada y una sinopsis de lo más sugerentes) como algunos de sus relatos. Con la publicación de esta novela corta, publicada en inglés por Tor.com, no quise perder la oportunidad de conocer, por fin, la obra de Kiernan. Y ya os aseguro que no será la última novela que lea suya.

Agentes de Dreamland nos traslada hasta Arizona, Estados Unidos. Ahí conocemos al Guardagujas, un agente federal que está investigando un extraño suceso y que se reúne con una mujer, Immacolada Sexton para intercambiar información. Por otro lado tenemos a Chloe, una ex drogadicta que ha encontrado el sentido de su vida gracias a una secta religiosa.

Cuesta entrar en la lectura de Agentes de Dreamland. Los primeros capítulos meten de lleno en un mundo que el lector no puede contextualizar y la lírica sugerente de Kiernan aumenta esta sensación. Sin embargo, una vez el lector se adentra en la tónica de la historia, queda totalmente atrapado. Kiernan no mastica la historia para el lector, sino que deja que sea este el que descubra todos los secretos, todo lo que se puede leer entre líneas.

A esto se le suma una ambientación oscura maravillosa. Con toques lovecraftianos, Kiernan se adueña de muchos de los tropos que hemos visto en la literatura del terror cósmico y los hace totalmente suyos. El trabajo es nuestro, sí, pero una vez vamos conectando los puntos, descubrimos las constelaciones que nos quiere mostrar la autora. Y no son escenas bonitas, sino más bien imágenes perturbadoras y desconcertantes que nos hacen sentir como los humanos perdidos de esta misma novela.

En tan solo 120 páginas, a Kiernan le da tiempo de hablar de sectas, de monstruos astrales, de experimentos gubernamentales secretos y mucho más. Le da tiempo de mostrarnos un futuro desolador y una humanidad rota en mil pedazos. Lo logra no solo con la ambientación que ya he comentado ni con el maravilloso estilo de la autora, sino también con sus personajes. Centrándose solo en los tres principales, nos mete en sus mentes, nos deja ver sus rincones más oscuros. De ellos, quería destacar Immacolada Sexton, a quien solo podemos ver como principal en un capítulo, pero que se come todo el protagonismo del resto de personajes cuando está en escena.

En conclusión, Kiernan es una maravillosa narradora y sabe muy bien cuando conducir al lector y cuando dejarlo a su aire para que sea él quien descubra los secretos de su obra. Agentes de Dreamland es una obra de terror, un thriller y también una novela con toques de ciencia ficción, todo compensado en 120 páginas. La edición en tapa dura de Runas es de esas que quedan perfectamente en la estantería y la traducción de María Pilar San Román logra plasmar al español la pluma de la autora. Si os gustan las novelas cortas, y os gustan las novelas de terror, este es vuestro libro.

Gracias a Runas y Alianza editorial por el ejemplar


Otras reseñas del libro:
Donde acaba el infinito
El caballero del árbol sonriente

Las tres muertes de Fermín Salvochea de Jesús Cañadas

lunes, 16 de abril de 2018


Voy a hacer una confesión vergonzosa, por favor, no os marchéis del blog después de leerla: No he leído nada de Jesús Cañadas. O más bien, no había leído nada hasta que llegó a mis manos La tres muertes de Fermín Salvochea. Es verdad que ya tenía curiosidad antes de este suceso, pero no fue hasta que Cañadas sacó su nueva novela, que me animé a leerla, pues tiene muchos elementos que me llaman la atención: Ambientada en España, principios del siglo XX y novela de terror. ¿Qué más se puede pedir? Pues esperad, que acabo de empezar.

1907. Sebastián recibe una entrada para el circo de los horrores que acaba de llegar a Cádiz, un circo al que sabe que él y sus amigos tienen que acudir. Ese mismo día ocurre algo que cambiará su vida y la visión que tiene del borracho de su padre: Fermín Salvochea, el alcalde de Cádiz durante la primera República, ha muerto. Pronto descubrirá Sebastián que su padre, Juaíco, está mucho más relacionado con este personaje de lo que él espera.

Una de las cosas que creo que hace mejor Jesús Cañadas en esta novela es la capacidad de meterse en la piel de un niño como hace con Sebastián. La novela está dividida en dos puntos de vista, el de 1907 con la voz narrativa de Sebastián y el de 1873, que nos muestra la vida de su padre, Juaíco. A través de estas dos historias, que se van entrelazando, el lector va adentrándose en este Cádiz del pasado, lleno de fantasmas y monstruos. Y es esta capacidad que tiene Cañadas de hacerte volver a sentir un niño, a vivir y disfrutar como un niño y sobre todo, a ver desde los ojos de un niño, que hace los capítulos de Sebastián inmejorables. Desde un buen principio, todo lo que rodea a Sebastián es misterioso y terrorífico, pero Cañadas juega con el lector de manera que tanto él como el personaje no sepan nunca qué es real y que es una invención. Esto tiene aún más poder gracias al resto de personajes que rodean a Chano. Por otro lado, está la historia del pasado, donde tanto Fermín Salvochea como Juaíco están perfectamente delineados y caracterizados.

Cañadas sabe muy bien cuando parar una historia para continuar con la otra. Durante todo el rato, ambas historias se van entrelazando, al principio con pequeños detalles y al final totalmente, con personajes que se complementan a un lado y otro del tiempo. Cañadas siempre da la información justa para que tanto los personajes como el lector se queden con ganas de saber más, de seguir leyendo.

Y aunque he hablado de lo bien caracterizados que están los personajes principales, Cañadas no deja de lado los personajes secundarios y de hecho son estos los que le dan vida real a la novela. Tanto los tres amigos de Sebastián, como su madre, como toda la ristra de personajes que pueblan los callejones y cloacas de Cádiz, todo el elenco hace su papel sin mostrar que es realmente un papel. Su vitalidad da vida a la propia historia.

Pero aunque tiene elementos de terror y de drama, esta es, en lo más profundo, una novela de aventuras. Y mientras avanza la lectura, me daba la sensación que de la misma forma que yo lo estaba disfrutando, el autor había disfrutado escribiéndolo. El batiburrillo de referencias frikis, históricas y fantásticas, referencias de Cádiz y de España, es fascinante y a veces, de hecho, algo abrumador. Sin embargo, es una nota discordante en una melodía maravillosamente creada y que no quita para nada el buen sabor de boca que deja la novela una vez llegas al último punto.

En conclusión, y dejándome muchísimas cosas en el tintero que se podrían decir de esta novela, Las tres muertes de Fermín Salvochea es una novela que traslada al lector al Cádiz de principios del siglo XX, a un Cádiz histórico, sí, pero también fantástico, costumbrista, un Cádiz lleno de mitos y leyendas que no parecen reales. Con una prosa maravillosa y una historia muy bien tramada, Las tres muertes de Fermín Salvochea se va a lo alto de mis mejores lecturas en lo que llevo del año.


Otras reseñas de la novela:
Sense of Wonder
Libros Prohibidos
Boy with letters

Nueva Amazonia de Elizabeth Burgoyne Corbett

martes, 3 de abril de 2018



Siempre me han gustado las distopías. Una de mis novelas preferidas es 1984 de George Orwell y gracias a él, leí otras distopías clásicas como Nosotros, Farenheit 451 o Un mundo feliz. Sin embargo, últimamente he adquirido también un interés por las utopías, no solo por el contraste que ofrecen ante las distopías, sino también por la clase de ideas que expresan. En el segundo número de la Revista Windumanoth, revista en la que colaboro, he escrito un artículo hablando sobre utopías. Así que imagináos cual fue mi alegría al descubrir que Defausta editorial publicaba Nueva Amazonia, una utopía feminista de finales del siglo XIX que, por desgracia, desconocía cuando escribí el artículo. Habéis oído bien. Utopía feminista en el siglo XIX. Suena bien, ¿verdad?

La novela de Corbett se presenta a ella misma como protagonista de la novela/ensayo utópica. Elizabeth se queda dormida leyendo una indignante opinión sobre el sufragio universal y despierta 200 años más tarde, en una Irlanda renombrada como Nueva Amazonia donde la igualdad de género ha sido alcanzada. 

A través de la visión de la protagonista que, al igual que nosotros, es una recién llegada a este mundo nuevo, vamos conociendo todos los entresijos de la sociedad que construye la utopía. De esta forma, la autora muestra sus ideas de un mundo ideal y los cambios que necesita la sociedad inglesa de 1800 para adquirir una utopía como esa. En su mayoría, todos los cambios son para bien y Corbett muestra una sociedad más avanzada, más civilizada; totalmente envidiable. Pero no siempre es así y la autora aprovecha también la ocasión para mostrar defectos de esa utopía, errores que podría conducir el avance de la sociedad.

La crítica a la sociedad en la que Elizabeth Corbett vivía está presente en todas las páginas de la novela, no solo por comparación a esa sociedad utópica, sino también con el personaje de Augustus, quien representa el hombre inglés prototipo. Corbett muestra a Augustus como un personaje ridículo, estúpido, egocéntrico e inconsciente de sus propias limitaciones.

Me ha fascinado la actualidad de algunas de las ideas y concepctos de la novela. Y es que aunque muchos de los fundamentos que sostienen la sociedad de Nueva Amazonia están concebidos desde el femenismo de finales de siglo XIX, muchos otros son de rabiosa actualidad. En algunos casos, me han parecido ideas muy avanzadas al tiempo en el que Elizabeth Corbett escribió la novela. 

Sin embargo, la novela peca de una sobreexposición y de un info-dump extremo. Es interesante para conocer las ideas de la autora, pero funciona mucho mejor como ensayo que como novela, pues le falla el ritmo y los personajes no son más que meros titeres para explicar las bondades de la utopía feminista creada por Corbett. Por supuesto, sí se lee como un ensayo sobre las ideas femenistas de finales del siglo XIX, resulta fascinante, pues los elementos de especulación brillan con fuerza. Pero los elementos novelescos, en cambio, resultan flojos y poco adecuados para el tono explicado en la historia.

En conclusión, Nueva Amazonia es un libro que, tomado como ensayo, puede resultar fascinante. Nos ayuda a comprender mejor la historia del feminismo y resulta un imprescindible para todos aquellos que quieran conocer utopías feministas. Un libro con un contenido fascinante, pero una forma que, ideada como novela, falla. Sin embargo, no por eso dejaría de recomendarla, sobre todo a aquellos que se interesen por el tema. 

Otras reseñas:

Seis de cuervos de Leigh Bargudo

miércoles, 21 de marzo de 2018


Una parte de mi no quería escribir esta reseña. O más bien, la encontraba inútil. Seis de cuervos, novela juvenil de Leigh Bardugo, ya tuvo muchísimas reseñas positivas en su momento y no estoy segura de que esta pueda aportar algo. Pero de la misma forma que este blog nació cuando tenía ganas de hablar de las lecturas que iba haciendo, me he encontrado con ganas de poder hablaros de Seis de Cuervos y de lo mucho que me ha sorprendido y gustado. Así que aunque ya hayáis leído miles de reseñas que hablan maravillas de la bilogía de Bardugo, dejadme aportar una más. Os prometo que merece la pena.

Bargudo nos traslada a Ketterdam, una ciudad claramente inspirada en Amsterdam, más concretamente nos traslada a los bajos fondos de esta capital, donde Kaz Brekker reina una banda de ladrones y criminales. Kaz es joven, pero ha escalado rápido y todos conocen su sobrenombre: Manos negras. Al recibir el encargo de robar la prisión mejor custodiada del mundo, Kaz no ve algo imposible, sino una posibilidad por la que vale la pena arriesgarse. De esta manera, reunirá un equipo pequeño pero eficiente de criminales con los que poder realizar este golpe.

Se ha comparado varias veces Seis de cuervos con Ocean’s Eleven y la película claramente tiene su influencia en el libro. En ambos casos la trama gira alrededor de entrar en un lugar impenetrable a cambio de una suculenta fortuna. Sin embargo, Seis de Cuervos pierde ante la película cuando se trata de estrategias criminales. La parte en sí de la prisión es corta, comparada con el resto, y aunque tiene su importancia, Bargudo no se dedica a describir con precisión los trucos que usan Kaz y sus compañeros.

Y eso es porque el libro está centrado en sus personajes. Aunque la trama es atractiva y ágil (el libro se devora rápidamente), el peso de toda ella cae en sus personajes. Y es aquí donde Bardugo hace la magia, pues es capaz de construir a estos seis personajes y hacerlos interaccionar de manera natural y realista, haciendo que el lector no solo empatice con ellos, sino que quiera saber más de ellos. La variedad entre sus personalidades, sus habilidades y sus historias es también interesante y Bardugo hace el esfuerzo de mostrarlas todas (aunque hay ciertos personajes que tienen un protagonismo más claro). Esto también viene ayudado con el hecho de que es una novela coral y cada capítulo está visto desde el punto de vista de un personaje u otro.

Bardugo muestra de esta manera que se puede hacer fantasía juvenil de calidad. Y de hecho, es quizá esa etiqueta la que más le pesa al libro, pues da la sensación de que los personajes tengan una edad menor solo para poder ser considerada literatura juvenil (como si los jóvenes no pudieran leer sobre personajes mayores de 18 años). Algo que desentona con el resto de la novela, pero que apenas molesta durante su lectura.

En conclusión, si aún no os habéis acercado a Seis de cuervos, os recomiendo que lo hagáis. Tanto si os gusta o no la literatura juvenil, es una novela redonda y muy bien trabajada, con una narrativa elaborada y personajes muy bien construidos. Y no sé vosotros, pero para mi estas son razones suficientes para leer una novela. 

Otras reseñas:
In the never never
Sense of wonder
Detrás del conejo blanco
Rapsodia Literaria
Geek Furioso de la Literatura

Stanislaw Lem, Astronautas y la guerra fría

jueves, 15 de marzo de 2018


Uno de los autores de ciencia ficción más conocidos de mediados del siglo XX es Stanislaw Lem, autor polaco cuya extensa obra ha sido adaptada en numerosas ocasiones al cine. Las obras de Lem suelen mostrar una imagen filosófica y, normalmente deprimente, de la naturaleza contra el hombre, como se puede ver en Solaris (adaptada maravillosamente por Andrei Tarkovsky en 1972). En esta novela habla del primer contacto del ser humano con un ser extraterrestre. Lejos de usar el optimismo con el que se solían enfocar estos encuentros, Lem lo dota de un tono pesimista, oscuro, casi desesperanzador. En Solaris, los humanos no pueden abstraerse de sí mismos y de la cultura con la que han crecido para comprender algo totalmente ajeno. Esta crítica, que se ve repetida en algunas de sus obras contrasta muchísimo con su primera obra, Astronautas, la cual quiero analizar en este breve ensayo.

Portada alternativa del film de Tarkovsky
Astronautas es la primera novela publicada de Lem. El autor había tenido problemas con El hospital de la transfiguración, novela que había escrito anteriormente pero que el gobierno estalinista había censurado por no ser suficiente optimista y comunista. Lem quiso probar con la ciencia ficción y escribió Astronautas, una novela cuyas primeras cien páginas, son, literalmente, un tratado de divulgación científica cuyo objetivo no solo era introducir al lector en el mundo especulativo de Lem, sino también maravillarlo con los avances tecnológicos que había traído consigo el comunismo. Cuanto de esto era reflejo de la censura anteriormente sufrida y cuanto sus propios pensamientos es algo imposible de decir.

 “En el año 2003, finalizó el trasvase parcial del mar Mediterráneo al interior del Sahara y las centrales hidroeléctricas suministraron por primera vez corriente eléctrica a la red del norte de África. Habían pasado muchos años desde la caída del último Estado capitalista. Estaba llegando a su fin el gran período de transformación del mundo, difícil y doloroso, en aras de la justicia global.”

Este fragmento, el primer párrafo con el que empieza la parte más técnica del libro, describe a la perfección los dos temas comentados anteriormente. Por un lado, un proyecto tan grande como el trasvase parcial del mar Mediterráneo, en un proyecto similar al de alemán Herman Sörgel en 1928. Sörgel quería encerrar el mar construyendo una presa en Gibraltar que permitiera abastecer de energía hidroeléctrica a toda Europa, además de crear canales de regadío para el Sahara.

Hay otro elemento importante en el párrafo y es esa relación de la caída de los estados capitalistas con la llegada de la paz. Después de la segunda guerra mundial, los medios soviéticos criticaban insistentemente no solo al capitalismo, sino también al belicismo que los acompañaba. El comunismo hizo gala de un movimiento pacifista y de izquierdas y se posicionó a favor de abolir las armas nucleares.

 “Se construían centrales nucleares, fábricas automatizadas sin seres humanos, […]. La ciencia nunca más volvería a producir armas de destrucción masiva. Al servicio del comunismo, se había convertido en la más potente de todas las herramientas de transformación del mundo.”

En este fragmento hay otro mensaje importante relacionado con las políticas soviéticas de la época. El gobierno soviético no solo promocionaba la ciencia y era subvencionada por Stalin, sino que también estaba dotada de un reputación. Ya de antes de la guerra, la ciencia tenía mucho prestigio en la URSS y a partir del 1945, esa campaña se intensificó. La ciencia era vista no solo como una necesidad para construir un futuro mejor, como anuncia Lem en este párrafo, sino también la manera de posicionarse a la altura de los Estados Unidos que, después del Proyecto Manhattan, eran considerados el ejemplo a seguir por el resto de Potencias científicas.

“[…] con el fin de lanzar un ataque frontal contra el principal enemigo de la humanidad: el frío, asentado desde hacía millones de años alrededor de los polos. […] Los científicos decidieron crear un sol artificial en un polo en forma de gas incandescente de cientos de metros de diámetro a las que se suministraría hidrogeno.”

El lanzamiento de Sputnik en 1957 fue de vital importancia
Uno de los detalles que más recuerdan a ese optimismo comunista son las grandes construcciones que Stanislaw Lem explica, construcciones que van de la mano del poder de la tecnología y la ciencia. Hay un mensaje muy claro en Astronautas que era parecido al mensaje difundido durante los principios de la guerra fría en la Unión Soviética. Esa idea de que la ciencia era la solución y de que gracias a ella, los humanos iban a poder solucionar todos los problemas. La idea de una ciencia sin mácula, sin errores. También es interesante ver como Lem refleja en este libro las ideas soviéticas de transformación del mundo. Ya antes de la guerra mundial hay una emergencia de la tecnología científica, es decir, de la ciencia al poder de la gente, la ciencia como disciplina más práctica y menos teórica.

Independientemente de si las ideas de Lem se reflejaban en el texto o era una manera sencilla de burlar la censura soviética, está claro que Astronautas es un medio de difusión ideal para un mensaje y para la ciencia en general. Esas primeras cien páginas que ahora, desde nuestro punto de vista, pueden resultar tediosas y ajenas, seguramente (visto también el éxito que cosechó el libro) resultaron fascinantes para una población que, mayoritariamente, desconocía la ciencia. El claro tono divulgativo del libro sirve para maravillar a sus lectores sobre un mundo que sí, era desconocido y especulativo, pero que quizá mediante la  ciencia, podría ser posible.

Combustible Lovecraft de varios autores

lunes, 12 de marzo de 2018



Cuando Orciny Press me propuso enviarme este libro, acepté con cierta reticencia. No porque no me llamara la atención el libro o porque no me gustaran las antologías: al contrario, me parecía una premisa muy interesante. Sin embargo, he leído poco de Lovecraft y me apenaba no poder disfrutar del libro al cien por cien. Pero una vez me metí en algunas de las historias, estas reticencias quedaron atrás y me quedé atrapada en sus historias.

Combustible Lovecraft es una antología coordinada por Yolanda Espiñera y Félix García y publicada por Orciny Press, que reúne nueve relatos inspirados, y a veces ambientados, en las novelas del autor de Providence, H.P. Lovecraft. Reuniendo a varios escritores españoles, Combustible Lovecraft es una antología que se adentra en su mundo oscuro e inquietante y lo hace a través de distintas narrativas, relatos e historias.

Uno de los puntos fuertes de Combustible Lovecraft es que la mayoría de relatos pueden leerse independientemente de este bagaje cultural. Por supuesto, todos beben del mundo creado por el autor americano. Pero usan sus mismos elementos de una forma muy propia, creando una mezcla que, aunque homenajea el original, no se le parece. Este creo que es uno de los puntos fuertes de la antología. Esta capacidad para acoger una ambientación oscura como la de Lovecraft y añadirle riqueza propia, convirtiéndola en algo totalmente nuevo.

Como toda antología, hay relatos que me han convencido más que otros. Hay algunos relatos que se hacen más asequible para el lector virgen (o como en mi caso, casi virgen) de Lovecraft. Otros que, quizá por no conectar tanto conmigo, no he logrado entrar tan fácilmente. Pese a todo, la mayoría de relatos tienen una calidad innegable, con una trama interesante. Me ha parecido fascinante también la capacidad de algunos relatos de saltar por encima de las narrativas más formales para crear relatos diferentes, como es el caso de Tras el horror de Colectivo Juan de Madre.

Quiero destacar tres relatos que para mí son los mejores de la antología. Terror en Villa Alvarado de Roberto Bartual, una maravilla de historia que va creciendo a medida que avanza el lector y que tiene un final espectacular. Nadadoras de Tamara Romero, un relato que, en su sencillez, me ha fascinado. Y por último, Podéis ir en paz de Weldon Penderton, una historia maravillosa que está perfectamente ambientada.

En conclusión, Combustible Lovecraft es un libro inquietante, muy variado, con historias para todos los gustos. Un libro que habla y homenajea al autor de Providence, sí, pero que también se puede leer sin conocerlo ni conocer sus tropos. Los autores de la antología logran transmitir esa oscuridad que rodea los libros de Lovecraft. Y ese, para mí, es el mejor homenaje.

Otras reseñas:

Frankenstein de Mary W. Shelley

lunes, 5 de marzo de 2018


A veces me da la sensación de que salen tantas novedades que tengo ganas de leer y a las cuales les doy prioridad que dejo de lado las novelas más clásicas. Ya me ha pasado que leo muchos menos clásicos de los que me gustaría, y ya no digamos cuando salimos del género. Aunque esto son solo excusas para deciros que no ha sido hasta 2018 que he leído Frankenstein de Mary Shelley. Veintiséis años y no había tenido tiempo aún de leer esta maravilla. Pero ahora que he leído esta maravilla, vengo a deciros que vosotros deberíais hacer lo mismo. No esperéis a los veintiséis como yo.

Frankenstein nos cuenta la historia de Víctor Frankenstein, un joven de Ginebra que decide viajar hasta Ingolstadt para hacer una carrera y educarse de esta manera en filosofía natural. Ahí descubre y aprende sobre química, física y ciencias de la vida. Pero hay algo que aún desconoce, él y la ciencia: el motor de la vida. En busca de respuestas, Víctor ansía ir más allá, explorar lo aun inexplorado. Una ambición científica que lo lleva a crear un humano a partir de piezas de muertos, dándole vida a lo inanimado. Así nace la criatura, el monstruo, un ser tan abominable que Víctor rápidamente se avergüenza de él y lo abandona, esperando de esta manera que la naturaleza acabe con lo que él antinaturalmente ha devuelto a la vida. 

Frankenstein es un libro nacido de su época y es imposible hablar de él sin hablar de su autora ni de cuando fue escrito. Mary Shelley fue hija de dos escritores y críticos literarios que la educaron en las letras desde muy pequeña. Con apenas 18 años se escapa de casa para casarse con Percy Shelley, un poeta inglés. Durante unas vacaciones de un verano frío en el famoso año sin verano, la pareja Shelley visitó en Suiza a un amigo próximo, Lord Byron. Ahí, el hastío del mal tiempo los llevó a jugar a explicarse historias de terror. Frankenstein salió de ese juego y de las ideas novedosas de la época sobre la electricidad, el vacío y otras innovaciones científicas.

La ciencia (y sus límites) es uno de los temas principales de la novela. El protagonista tiene una ambición científica que ansía buscar el conocimiento por encima de todo, hasta de los límites morales. La dicotomía a la que se enfrenta Víctor se vuelve a ver además en el principio y final de la novela con Robert Walton. Walton también es un científico que tiene una ambición científica que lo llevará más allá de los límites. Su final, en contraste con el final de Víctor, tiene muchas lecturas.

Otro tema fascinante también es aquello que nos hace humanos. Un tema que se ha tratado en múltiples obras, pero que Shelley lo hace espectacularmente en su obra. En la novela, la criatura es despiadada, monstruosa, pero, ¿lo es por qué es su naturaleza o por qué Víctor lo ha abandonado? ¿Quién es más monstruoso, Víctor o su criatura? Estas preguntas que Shelley va mostrando a lo largo de la lectura, van adentrándose en la mente del lector.

Frankenstein o el moderno Prometeo es un libro maravillosamente escrito. No solo en cuanto al estilo, pues el de Shelley está depurado y es fascinante. También está maravillosamente escrito en cuanto a su estructura y la forma que tiene de mostrar los temas de los que quiere hablar. La construcción de personajes es muy interesante y daría mucho de qué hablar (pienso hacerlo en algún momento). La novela dentro de una novela dentro de una novela hace que la historia tenga profundidad y sea dinámica.

En conclusión, hay clásicos que lo son por derecho propio y Frankenstein es uno de ellos. Una de esas novelas que todo el mundo debería leer, tanto los que leen género normalmente como los que no. Una novela con mil lecturas, mil temas que se pueden desarrollar y muchísimo interés tanto literario como científico.

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