Reseña: El despertar de la señorita Prim de Natalia Sanmartin

lunes, 16 de junio de 2014

Casi como todos los libros buenos, conocí este libro por casualidad. Mi madre tiene la costumbre (buena costumbre) de comprarse un libro, al menos, al mes. Su problema es que lee mucho menos que eso, así que tiene una preciosa estantería llena de libros nuevos sin estrenar (¡debe tener por lo menos 50 libros!), estantería que no pierdo ocasión de atacar. En este caso, mi objetivo era coger el libro de la última reseña, El guardián invisible, cuando, encima de él, descubrí esta pequeña joya.

En un principio, su portada me enamoró. Pero como no me dejo llevar ni por portadas ni por sinopsis, estuve a punto de dejarlo en la estantería de nuevo. ¿Qué fue lo que me impulsó a cogerlo y empezar a leerlo? No lo sé, quizá era un libro que me estaba llamando. Porque hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer un libro así.

El despertar de la señorita Prim habla de la delicadeza y de la belleza de los tiempos pasados, una idea que siempre he compartido. ¿Vosotros no habéis sentido esa añoranza de haber nacido en otro tiempo? Yo, al menos, sí. Estoy convencida de que nací 150 años tarde y esa es la misma sensación que ha sentido siempre Prudencia Prim, la protagonista del libro. Cuando lee un anuncio en el que se requiere una bibliotecaria para ordenar y archivar una biblioteca personal, decide acudir a dicho trabajo. 

"Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y postgraduadas."

El tono del anuncio es peculiar en sí, pero responde claramente a la personalidad del hombre que lo ha redactado. Así llega Prudencia a San Ireneo de Arnois, un pueblecito que pronto descubrirá que es tan peculiar como su jefe; sus gentes, hartas de las normas de la sociedad moderna, han decidido crear este lugar apartado, casi como una puerta a un mundo pasado donde la cultura, la elegancia, la belleza y la delicadeza son el pan de cada día. Sus gentes al principio chocaran con la mente casi cuadriculada de Prudencia, pero poco a poco esta irá cuajando más entre ellos.

La novela está escrita con la misma delicadeza y belleza de la que hacen gala las gentes de San Ireneo de Arnois. Una narrativa que te adentra en el libro y que ya no puedes dejar (lo leí en un solo día, pues no podía dejar de leer) y con una historia que pese a tener esos tintes sencillos de una historia real, tiene también un aire fantástico, casi como si pudiéramos atravesar el espejo para ir a ese lugar.

Las relaciones de Prudencia con todos los habitantes del pueblo (tanto su club femenista, como su jefe, el hombre del sillón, como los niños que este cuida) son tan encantadoras como la novela en sí. Aunque al principio esta rechaza casi todo el contacto con los demás, por considerarlos extraños, poco a poco  va adaptándose e integrándose en la sociedad de San Ireneo de Arnois y al final pasa a formar parte de este pequeño espacio ambientado en tiempos pasados. 

Uno de los temas en los que hace más incisión Natalia en la novela es la educación del mundo moderno, un tema en el que estoy muy de acuerdo. Por supuesto, como Prudencia encuentro algo exagerado el método del hombre del sillón, pero aún así, si tuviera hijos preferiría mil veces que se criaran en un pueblo así que en una gran ciudad, en un colegio prestigioso o en una buena universidad. 

Pero lo que más me ha gustado de este libro, además de todo lo que ya os he comentado, son los pequeños detalles literarios y artísticos en general que son la delicia para alguien que ha leído bastante (y eso que muchas de las obras que comentan las conozco pero no he tenido el placer de leerlas). Desde literatura clásica griega hasta Jane Austen, Prudencia y el hombre del sillón y el resto de los habitantes del pueblo van desgranando diferentes obras, un paseo literario que, para mi, le da otro toque atractivo, sumado a los que ya tiene de por sí la novela.

En conclusión, una historia fácil de leer, encantadora y que te transportará a un pueblo en el que, al menos yo, me encantaría vivir. Con su final totalmente abierto, pero esperanzador, acabas el libro y lo cierras con un sabor de boca de haber leído algo bueno. Y eso, de por sí, ya tiene un valor incalculable. 

5/5

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